PALABRAS CLAVE PARA LOS BUSCADORES: COMIDA,ATRACÓN,BULIMIA,HAMBRE,ANOREXIA
Toda la vida he sido una aspirante a funcionaria del cuerpo perfecto, y llevo 52 años opositando a la validación del canon social exigido, la quimera del “90-60-90” del que tan solo disfrutan unas pocas personas, fracasando estrepitosamente una y otra vez en el intento, sin darme cuenta de que cada vez que suspendía me hundía un poco más.
Lo bueno de este examen es que no hay temario, ni siquiera hay notas porque no hay nada que aprobar, tan solo, simple y llanamente, hay que aceptar, cuidar y disfrutar del cuerpo que nos han regalado y que yo tanto he maltratado física y emocionalmente.
Aunque me aproximara a las exigentes medidas, e incluso las tuviera gran parte de mi vida como las tuve, nunca era suficiente, el espejo siempre me devolvía otro suspenso que hacía que mi autoestima mermará aún más para la siguiente revalida.
Anhelaba la aprobación en los demás, que los otros validaran algo tan sagrado como es mi cuerpo, como si toda la humanidad tuviésemos que nacer en serie con el físico perfecto y, sin darte cuenta, comienzas una carrera que no existe, que tan solo está en nuestro interior porque mis egos, miedos e inseguridades me hacían sentir que era lo que opinaran de mí el resto del mundo, dedicándome a mi deporte favorito: mendigar amor, sin darme cuenta de que la mayor maltratadora que ha estado instigándome hasta la saciedad he sido yo misma, que a la vez era mi propia juez, la aspirante, el examen y el suspenso constante, sometiéndome a una presión gratuita que menoscaba aún más mi salud mental y que impedía que me diera cuenta de que yo no tenía un problema con mi cuerpo, ni con mi peso, sino con mi mente.
Ahora reflexiono sobre el nivel de exigencia que he tenido sobre él al valorarlo y ha sido asfixiante, demoledor, caótico y destructivo, sin opciones a una mínima valoración positiva, solo existía una nota constante: NO VALES.
Por desgracia, aun no puedo decir que ahora sea la reina de mi grandioso y bendito cuerpo, pero he dejado de exigirle, de someterlo a absurdos exámenes imposibles derivados de la atrofia emocional que tenía.
Ahora lo mimo y lo cuido con la ayuda de mi imprescindible abstinencia, mi mágica madrina y mi necesario Universo de Calma OA.
No soy perfecta, pero doy las gracias porque siento que tengo la complexión ideal para elegir una forma de vivir en la que decido quererme y no buscar fuera los tesoros que llevo dentro.
Ahora no soy una cajita vacía, porque trabajando comienzo a sentir, por primera vez, que cuando me miro al espejo veo el cofre del tesoro, y no importa como sean las joyas, porque quizás lo que las hace bellas es que sean únicas e irrepetibles, como yo.
Ojalá pudiera redimir todo el tiempo perdido, pero lo que sí puedo hacer es quererlo y disfrutarlo el tiempo que me quede.
Quererte es liberador. No hay nada como salir de la cárcel de tu propio juicio enfermo suicida y comenzar a ser tu mejor amigo de vida.
Me gusta mi cuerpo, es el que me dieron al nacer y lo único que tenía que haber hecho es cuidarlo porque no me iban a dar ninguno más, porque no hay recambios, ni posibilidad de compras de kilómetros “0”.
Es una perfecta máquina que no me falla a la que yo he menospreciado una y otra vez, pero agradezco poder disfrutar de él desde la serenidad absoluta de la aceptación y la conciencia de que tengo la gran fortuna de tener el cuerpo que tengo, que me permite hacer tantas cosas bonitas.
Ya no aspiro a nada, no tengo que aprobar ningún examen y he tirado el mazo de juez y las lentes de la perfección.
He aprendido que cuerpo, alma y mente son poderosos “constructivos”, pero solo si están en armonía y que solo hay que hacer una cosa sencilla para conseguirlo: quererse así mismo.
Ahora, simplemente, he comenzado a quererme.
Ahora no me permito que las emociones secuestren a mi mente y, como consecuencia, devasten a mi cuerpo sometiéndolo a mis compulsividades, dejando los rastros de un tsunami en él cada vez que sucede algo que no puedo controlar y que hace que desaparezca de un plumazo todos los cimientos que ya había construido.
Antes de entrar en OA, me sentía una náufraga en mitad de un océano, sin esperanza alguna de que pasara, ni siquiera, un mísero avión a lo lejos, sintiendo que no era nada en medio de un océano hostil que jugaba con sus mareas en mi contra para conseguir hundirme.
La primera reunión fue como descubrir un tablón de madera flotando, donde por primera vez tenía la sensación de tener algo en lo que descansar y no estar a la deriva, sin esperanza alguna, teniendo que intentar cada segundo no hundirme, sintiendo por fin, que tenía algo donde apoyarme y dejar de luchar con un cuerpo que vivía exhausto de miedo y de cansancio físico y emocional.
El asistir a las reuniones me brindó una barquita en la que poder relajarme y descubrir, que, aunque pequeño, pero había un timón con el que poder dirigir mis emociones, aunque me diera cuenta de que estaba totalmente perdida.
El encontrar madrina me ha regalado una preciosa brújula que me orienta y me guía, y que guarda unos mapas marineros de coordenadas muy precisas, ya que están hechos a bases de experiencias de navegación que me han ayudado a saber cuál es el mejor rumbo que debo tomar.
Trabajar los pasos me ha dado las herramientas necesarias para armarme un buque en mi propio astillero, ese que ni sabía que existía y que me ha brindado la oportunidad de ser consciente de todo lo que soy capaz de construir si tiro por la borda mi ego, mis miedos, vacíos, iras, rabias e inseguridades, que al desaparecer me van haciendo tan fuerte que sé que puedo navegar sin problema alguno en un transatlántico, tan solo es cuestión de cuánto quiera trabajar en el astillero.
Gracias al programa de OA, ahora siento que navego en un yate muy sólido al que, cada vez más, le afectan menos los temporales y, aunque sigan habiéndolos, ya no dejan rastro de destrucción y caos, teniendo muy presente que después de la tempestad siempre llega la calma, por lo que cada vez me dan menos miedo las olas, sobre todo porque antes me hundían y ahora las surfeo con aplomo y determinación, porque olas van a haber siempre.
También estoy orgullosa de haber aprendido a disfrutar de los días de después, en los que reina la calma chicha y respiro en la inmensidad de un mar sereno, tranquilo y sosegado, que es el que elijo para que reine mi vida, sin el miedo a que llegue otro día más de lucha, porque mi brújula siempre me hace pasar las tempestades refugiándome en un buen puerto, por lo que el mar ya no me da miedo y si, por alguna de aquellas, algún huracán inesperado me rompe el motor, ya sé cómo arreglarlo porque el mejor mecánico de mi vida soy yo y, ahora, me reparo enseguida y no me destruyo esperando que venga alguien a arreglarme porque sé que lo único que pasa cuando no haces nada es que acabas oxidado, porque ya no soy un cuerpo a la deriva, a merced de donde quieran llevarlo las olas; decido yo, no mis emociones.
Agradezco profundamente haber encontrado en OA ese trozo de madera, una barquita en la que descansar, mi brújula “Pepito Grillo”, mi puerto, mi astillero y las herramientas para estar en paz y vivir con la serenidad de que pase lo que pase no estoy sola.
.maravilloso, gracias por este compartir tan bello y salido del corazón y que ayuda a los que aún sufrimos. Gracias?
Gracias a ti .Tú testimonio nos impulsa a continuar trabajando