Una historia de fracasos, ¿una historia de fracasos?
«No fracasé, solo descubrí novecientas noventa y nueve maneras de cómo no hacer una bombilla». Esta frase se atribuye a Edisson. Ante semejante tesón y espíritu luchador, mi admiración por este genio inventor se eleva, estoy convencida de que paró porque en la vez número mil dio con lo que buscaba, de no haber sido así, para mí que lo hubiera seguido intentando diez, cien, mil veces más, tal era su determinación, lo importante no era el número de veces ni el tiempo empleado, lo primordial era obtener ese resultado. Así, al menos, lo veo yo. ¿Que le hubiera gustado acabar antes? Seguro, le habría supuesto un ahorro inmenso de horas de trabajo y de dinero, pero, cada cual tiene su ritmo, cada empeño o actividad requiere un tiempo y eso hay que respetarlo.
Y ahora viene mi ejercicio particular al respecto, ¿que conozco a compañeras que nada más llegar a OA consiguieron una abstinencia fuerte y prolongada? Cierto. Ahora bien ¿me es dado compararme? ¿no debo respetar mi tiempo para conseguir mis objetivos? ¿voy a conseguir más por el hecho de agobiarme con pensamientos negativos que lo único que hacen es boicotear mi finalidad?
Si circunstancias y pensamientos como estos o similares me apartan de OA, si me cunde el desánimo y por ello me he alejado de mi trabajo del programa, si considero que como no lo he conseguido en la vez número novecientas noventa y nueve, OA no es para mí, ni tiene nada que ofrecerme para que yo mejore del trastorno de la conducta alimentaria que me aqueja, voy a darme una o mil oportunidades más, voy a tomar la mano que se me tiende, ese paso doce interno salvador y voy a intentarlo tantas veces sea preciso, recordando que si yo doy dos “pes”: paciencia y perseverancia, OA me dará dos “erres”: respuestas y recuperación.
Compañeras y compañeros, ya sabéis que no estáis solas o solos, que estamos aquí para vosotros/as, os tendemos una mano y con mucho amor os decimos
Bienvenidos/as de nuevo a OA, bienvenidos/as a casa.
A doce de septiembre de dos mil veinticuatro
Deja tu comentario